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martes, 3 de junio de 2008


Algunas pinturas hechas por payos, como “El carro de heno” de J. el Bosco, (c.1500), o “La gitanilla” de Frans Hals, (1628), nos describen la trayectoria de las circunstancias sociopolíticas que han operado en el momento de la ejecución de la obra, tanto en el artista como en el promotor. Las fotografías en blanco y negro del parajmos[1], nos hablan del papel que los gitanos representaron en ese momento de la historia y el imaginario gitano en el cine quinqui nos describe la proyección o efecto que tuvieron los gitanos en la sociedad española de la década de los setenta. Aunque muchas de estas obras pueden encontrarse en las colecciones de los museos etnográficos, sin embargo solo en contadas ocasiones nos darán información sobre el origen, las costumbres o la identidad de sus protagonistas y de aquí nuestro interés por las obras realizadas por artistas gitanos.
Pero D. Baker (2007), advierte que cuando la etnicidad del autor contextualiza la obra en sí misma, se producen unos conflictos categoriales que limitan la potencialidad del trabajo y adversamente podría afectar a su lectura, excluyéndolo del canon de arte contemporáneo en sentido amplio y siendo objeto de estudios sociales, como la antropología. [1] En romaní esta palabra significa genocidio y represión hacia el pueblo gitano en los años de dictadura de Hitler.